Casi nadie llega diciendo vengo a trabajar mis esquemas o patrones disfuncionales, sino no sé qué me pasa, pero esto no puede seguir así. En las primeras sesiones, acabamos llegando a la misma reflexión:
Cada relación es como abrir una puerta, y mirar por ella no cambia lo que hay al otro lado, pero ayuda a entender mejor qué te trajo hasta aquí. Cuando no sabes muy bien cómo empezar, suele ser lo primero que miro contigo.
Por ejemplo:
Una preocupación con el cuerpo puede cambiar cómo comemos.
Cómo comemos puede afectar a cómo nos sentimos.
Cómo nos sentimos puede cambiar cómo nos relacionamos con los demás.
Y todo ello puede modificar la manera en que nos tratamos a nosotros mismos.
Cómo te hablas en silencio, qué te permites sentir, qué te exiges sin descanso. Buena parte de la terapia actual sigue partiendo del mismo punto. El cambio empieza en cómo alguien se trata a sí mismo, no en corregir lo de fuera.
La forma en que interpretas tus sensaciones, y la relación que mantienes con ellas, puede sostener o socavar tu bienestar mucho antes de que aparezca cualquier síntoma con nombre clínico.
La comida es, sencillamente, una de las pocas conductas cotidianas donde se cruzan necesidad biológica, aprendizaje, emoción, cultura, normas, placer y control, todo a la vez, varias veces al día.
Evitarlo, controlarlo, juzgarlo, entenderlo, aceptarlo, o fundirse por completo con ello. La forma concreta que toma esa relación importa tanto como la emoción misma.
Aquí el terreno es enorme: apego, vínculos, intimidad, límites, pertenencia. Pero casi todo remite a la misma pregunta: cómo aprendiste a acercarte o a alejarte de otras personas, y qué haces hoy con lo que se aprendió entonces.
¿Se podría contemplar otra relación?
Esta no depende del trabajo terapéutico en sí, sino de si la persona ya cuenta con ella.
No hablo de pertenecer a una institución religiosa, sino de la fe entendida de forma más simple, la idea de que existe algo más grande que uno mismo. No hace falta tenerla, ni abrir esa puerta, para que el resto del trabajo funcione. Pero quien ya la tiene puede apoyarse en ella para sostener un cambio de perspectiva que, de otro modo, tendría que construir desde cero.
“El momento presente es el único tiempo en el que tenemos capacidad para actuar, sanar y crecer.”
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ContactarObras de los autores mencionados en esta página, junto a algunas referencias que las complementan (23). La inclusión de estas obras indica influencia intelectual o referencia bibliográfica; no implica afiliación, respaldo ni equivalencia entre sus autores o niveles de evidencia.